La Cándida Albicans, es una levadura que se encuentre en nuestra flora intestinal y su función es mantener el equilibrio intestinal, haciendo el papel de “limpiadora” eliminando restos de carbohidratos mal absorbidos. En este estado, no representa ningún problema para nuestra salud. Se vuelve patógena cuando nuestro sistema inmunológico se deprime, por diferentes factores y este hongo oportunista, sobre crece cambiando su estructura de levadura a hifa, pasando así a ser patógena.
¿Qué factores pueden desencadenar LA CANDIDIASIS?
Depende de cada persona, puede pesar más un factor u otro, pero normalmente suele ser de origen multifactorial. Unos malos hábitos alimentarios, ricos en comida procesada, azúcares, hidratos de carbono de absorción rápida, como refinados, bebidas azucaradas, zumos industriales y embutidos también llenos de azúcares, aumentan el nivel de glucosa en sangre haciendo que la cándida se alimente y así pueda proliferar.
El exceso de medicación como antibióticos, anti-ácidos y anticonceptivos “entre otros” también hacen que el sistema inmunológico se deprima y así la cándida también se aprovecha de este estado para crecer. No olvides si consumes proteína animal, que en tu alimentación diaria ya hay un plus de medicamentos encubiertos como antibióticos y hormonas que, aunque sin ser consciente de ello, estas tomando en dosis diaria. Es por este motivo que lo más recomendable si consumes proteína animal, es que sea de carne ecológica. Otro factor a tener en cuenta es el consumo de agua. El agua del grifo también es un factor de desequilibrio intestinal ya que es rica en cloro, lo ideal es consumir agua con tratamiento de osmósis inversa o agua kangen.
Algunas enfermedades como la diabetes, también producen un desequilibrio en la cándida. Por último voy a hacer hincapié en un factor muy importante y que en muchos casos es imprescindible tenerlo en cuenta para poder resolver este desequilibrio de una forma estable. Se trata de tener una buena gestión emocional y del estrés. El estrés y las emociones mal gestionadas son grandes estresores del cuerpo y por lo tanto deprimen el sistema inmunológico.

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